LA MATERNIDAD MASCULINA.

O lo que se hace llamar: la paternidad responsable.

¿Determinismo Biológico o Cultural?.

Desde la biología la maternidad solo es posible en el género femenino.La maternidad en este sentido supone el alojamiento de la formación de una nueva criatura en el propio cuerpo de la mujer y que será su morada “existencial” hasta su nacimiento.Cuando llega el momento del “alumbramiento”( llegar a ver la “luz” como inicio de una vida “independiente”), una persona que ha formado parte de la vida de la madre de forma intima, accede a su desarrollo individual( el acto de cortar el cordón umbilical marca el comienzo de la nueva etapa).

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Aunque lo cierto es que una vez que ha tenido lugar el nacimiento, comienza la MATERNIDAD VITAL, esa que requiere desarrollar capacidades para alojar al nacido en el día a día; fomentar el desarrollo social y psicológico que es donde reside la parte fundamental de la identidad de las personas. En este sentido serán ambos progenitores (hombre y mujer, hombre y hombre, mujer y mujer)los responsables de producir las condiciones adecuadas para que sea posible.

La mujer es madre, aunque no exclusivamente y el hombre es padre aunque tampoco de forma exclusiva.PADRE y MADRE, son los términos convencionales para calificar experiencias asociadas a los sexos masculino y femenino. De tal manera es así que culturalmente el término MADRE tenía asignadas unas funciones  o tareas, que hoy se han descontextualizado (la entrada de la mujer en el mundo laboral ha sido principalmente la circunstancia social  que obliga al cambio).

La maternidad como potencial realización vital de los valores que lleva asociada, es una función de hombre y mujer, aunque no a través de una inversión de roles, como si el hombre asumiera una función que no le es propia. La experiencia de la maternidad masculina no es hacer de madre, sino SER MATERNAL y ello supone ejercer un comportamiento de cuidado y crianza desde el primer día del nacimiento.

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La maternidad necesita por ello un cambio a nivel psicológico y social. El hombre debe ocupar su lugar en el ámbito familiar, ya que culturalmente le ha sido excluida; al hombre que muestra actitudes o comportamientos maternales se le feminiza, como si ello no pudiera corresponder a su condición masculina.Entonces los hombres que no desean ser confundidos pasan por la maternidad sin capacidad de desarrollarse para evitarles confusiones sociales incomodas.

De la misma manera la mujer en esta sociedad patriarcal, considera que para obtener la igualdad como aspiración de evolución a un reconocimiento social debe llegar a ser como un hombre.Es un “ascenso”, una “mejora”. En cambio y en contraposición, los hombres que se quieran igualar a los valores femeninos, deben “descender”. La IGUALDAD DE GENERO debería verse desde una nueva perspectiva (horizontal): recuperar los valores y espacios femeninos por parte de los hombres y los espacios y valores masculinos por parte de las mujeres.No es necesario invertir los papeles o adquirir capacidades inexistentes,tan solo dejar que el desarrollo humano obre su poder: integrar ambos elementos masculino y femenino.

La forma de que se produzca el cambio en la construcción de la identidad de la nueva familia y del nuevo paradigma social, empieza por educar desde la infancia; el ejemplo es el primer referente educativo para nuestros hijos.Nada se desea más que aprender aquello que hacen las personas a las que admiramos(papá y mamá).

Si los hijos ven que ser como papá excluye ser como mamá, por ser incompatibles sus capacidades de desarrollo o ser una más ventajosa que la otra…hará que los niños asuman dicha diferencia como parte de su identidad.

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La igualdad no debe ser ya un discurso de corte liberal basado en la concepción de individuos autónomos e independientes; en el momento global y evolutivo en el que nos encontramos quizás sea necesario recordar las mutuas dependencias que son necesarias para vivir.Necesitamos adquirir virtudes que nos permitan gestionar proyectos personales en el sentido de pertenencia. Si los hombres no realizan el camino de las responsabilidades compartidas en la familia, es difícil que puedan llegar a apreciar la desigualdad que persiste entre hombres y mujeres, porque no se trata solo de tener los mismos derechos  sino de tener la capacidad de desarrollarlos.

En la vida todos estamos conectados y los derechos y su ejercicio sólo adquieren sentido desde la asunción de responsabilidades vitales.

María Jesús Hernández Verde.

Mujer y madre.

 

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