Los conflictos “entre” los menores.

El concepto de “menor” desde el punto de vista legal  (Ley del Menor 5/200o de 12 de enero)regula “la responsabilidad penal” a todos aquellos que tienen entre catorce años y dieciocho (donde se establece la mayoría de edad); no obstante se extiende en ocasiones hasta los veintiuno (los jóvenes también pueden verse bajo la influencia de la ley en algunos casos).

Los procesos de conflictos entre menores se supervisan en las Fiscalías de Menores, ya que esta figura jurídica, el Fiscal, es quien debe proteger  y garantizar los “intereses y necesidades” de los mismos. La Convención de Derechos del Niño que se adoptó en 1989 en Naciones Unidas. Establecía que los menores deberían ser tenidos en cuenta en procesos administrativos y jurídicos bajo la siguiente rubrica” medidas que garanticen la observancia del derecho del niño a ser escuchado”. Aunque no pretendo extenderme aquí en las leyes y normas que recogen, regulan, dirimen, resuelven…sino más bien en el trasfondo que supuestamente posee dicha normativa y que creo olvidado.

Es evidente que reconocemos la diferencia entre “percibir sonidos” y “escuchar lo que se dice”; es muy diferente estar con mente y cuerpo en una conversación que solo simular el acto de escuchar a otro. En el segundo caso es difícil ponerse en su lugar  y con ello llegar a comprender la realidad de lo que le sucede.Si a esa ficción le añadimos unos “rituales” rígidos y forzados, imitación de procesos adultos denostados y desconocidos…casi tenemos servido un proceso de instrucción de un delito (ya sea grave o leve, porque las faltas desaparecieron) en el que están involucrados menores.

El menor debe estar informado, ya sea a través de un abogado designado de oficio que le atenderá quince minutos antes del acto de la declaración de los hechos; QUINCE MINUTOS antes  el letrado a quien designen debe generar la relación de confianza entre abogado/cliente, escuchar lo que el menor quiere contar, escuchar a los padres o tutores del mismo y además dar un “vistazo” al expediente que se lleva a cabo……..Una vez superado este escollo (no puede llamarse parte del proceso ya que parece que comenzamos una gymkana en la que se deben superar varios obstáculos) pasamos a la Audiencia que aunque debería referirse a una conversación entre el menor y el Fiscal, se trata realmente de un escrutinio, una toma de declaración que refleja un proceso de instrucción penal en toda regla donde el fiscal “investiga” cual es “la verdad” de los hechos…Finalmente se realiza una evaluación de la capacidad del menor, para lo que el Fiscal cuenta con un grupo técnico de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales…)donde deberá realizarse un expediente que determine “quien es” el menor.

La comunicación de los resultados al menor no se produce en ningún momento; ni siquiera a sus padres o tutores o legales. El menor siente que esta sentado frente a varias “autoridades” que le escrutan y que al estar bajo “sospecha” de “haberse portado mal” provoca en el menor la necesidad de defenderse desde el mismo momento en que dice Buenos días…..

Entonces llega “otra ciencia” que no se habla con la del Derecho y determina que el cerebro de los menores está como está; es decir es un campo de minas, que en una situación de peligro como puede ser identificado un proceso de investigación en Fiscalía de menores, puede explotar a la mínima de cambio y claro, que eso no sea reconocido como “violencia” cuando me están investigando por algo que no debía haber hecho , es lo que se llama rizar el rizo para conseguir pasar por “todas las pruebas”…

Si bien durante la adolescencia se producen varios procesos de maduración en el cerebro, estos van a destiempo. Ya sabemos porque ocurre la conducta algo errática que caracteriza a los adolescentes. Si a eso le sumamos el aumento de dopamina en el cerebro y de hormonas como la testosterona, tenemos un cóctel peligroso.

En un cerebro que aun no ha terminado de desarrolarse, el exceso de dopamina puede llevar a la realización de actividades de riesgo  y conductas peligrosas, ya que busca formas de obtener recompensas para sentirse satisfecho, sin un buen control de impulsos.

El adolescente estará propenso a tomar decisiones cuando las emociones están muy presentes y llegan rápido a la corteza pre-frontal, sin tiempo suficiente para que el control de impulsos detenga la búsqueda de la satisfacción inmediata.

Con los años, los adolescentes se socializan a medida que se iguala el desarrollo de los diferentes circuitos cerebrales, mientras tratan de sobrevivir durante varios años con el peligro de un cerebro “en construcción”.

Quizás todas estas particularidades facilitarían la labor tanto de Fiscales, equipo técnico y abogados que forman parte de la vida del menor en un momento en que su vida parece estar sobre una mina a punto de explotar…

La mediación en tales procesos es un recurso imprescindible para ayudar a los menores a reconocer la responsabilidad de sus acciones sin reducir la capacidad de resarcir al perjudicado; no ofrecer la culpabilidad de sus acciones desde el minuto cero les ayudará a liberar la carga de la aceptación de los propios actos, sobre todo cuando “comprendemos” porque ocurren.

María Jesús Hernández Verde.

Mediadora.

2 respuestas a “Los conflictos “entre” los menores.

  1. Mar Oriol dice:

    Acabo de descubrir este artículo y tu página y me encanta, eres una gran profesional. Es un honor conocerte y compartir contigo el noble arte de la mediación. Un abrazo al corazón.

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